Estas actividades propuestas por la profesora, trataba de la realización de un cuento libre (story cubes) que consistía en tirar unos dados, y en estos dados aparecían diferentes cosas (objetos, animales, lugares…), en mi caso me tocaron las palabras: Arroz, música, escalera, resplandor, pastilla, sol y bolsa, durante la hora de clase. Con algunas de estas me inventé el siguiente cuento:
Érase una vez, una joven chica llamada Lucía, que cada verano, se iba de vacaciones a una casa de la playa con su familia.
Pasaban allí los 3 meses de verano, disfrutando del buen tiempo, el sol, el mar, la playa...
Vivían en una preciosa casita a pie de playa.
Cada mañana, antes de irse Lucía a la playa con sus amigos, se levantaba para ayudar en las tareas de casa. Muchas veces, Lucía también se encargaba de hacer la comida que le dejaba su madre indicada para ese día, o, como en este caso, para una semana en especial en la que sus padres viajaron y ella se quedó sola en casa.
En esa semana, Lucía vivió como una reina, sin límites , haciendo y comiendo lo que quería a cada momento, pero como era una chica muy responsable, no solía desmadrarse demasiado, siempre todo dentro de un límite.
Y, ¡por fin estaba aquí la ansiada semana que Lucía esperaba para estar sola en casa!
Los padres de Lucía, le dejaron una pequeña lista con algunos requisitos y tareas a realizar, y también otra con el menú de comidas que podría hacerse en esa semana con la comida que le dejaban. Lo tenía prácticamente todo hecho.
Le quedaba una gran semana por delante, la cual aprovechó.
Salió de fiesta, tomó el sol, fue a la playa, a la piscina de sus amigos, comió helado en una famosa heladería del pueblo costero de al lado, fue a un parque acuático...
Estaba siendo una semana increíble.
Uno de los días, estando en casa por la mañana, aprovechó para limpiar un poco, ya que no había parado en casa con tantos planes.
Hizo limpieza general en casa, cuando llegó la hora de comer, empezó a hacer la comida. Decidió hacer arroz a la cubana con huevo frito y salchichas.
El tarro con arroz, estaba e lo alto del armario, y para ello, tuvo que coger la escalera.
Tenía la música puesta de antes, y bailando en la escalera mientras cogía el tarro, llamaron a la puerta. Al querer bajar rápido, se desequilibró, y con un resplandor de luz del sol reflejado, cayó al suelo.
Se quedó tirada en el suelo durante un rato, hasta poder levantarse.
Cuando pudo levantarse, lo primero que hizo fue ir a por una pastilla, para evitar dolores posteriores a la caída.
Llamó a sus amigos de allí para que la llevaran al médico al sentirse tan mal tras la caída. Antes de salir de casa cogió una bolsa con algunas cosas que necesitaría y después, avisó a su familia de lo que había pasado.
Una vez en el médico, Lucía fue atendida y diagnosticada de un esguince de tobillo y de que se cuidara el pequeño chichón de la caída.
Con este pequeño incidente, se acabó la semana fantástica de Lucía. Esto fue un escarmiento para ella, avisándola de tener más cuidado en casa para otras ocasiones.
La segunda actividad propuesta, era inventarse un cuento, que consistía en inventarse un cuenta actual con personajes actuales. Entre los personajes tenía que haber dos adultos, un niño y un animal y tenía que desarrollarse en un contexto cotidiano para las niñas/os:
Esta es la historia de una familia, que vive en una gran casa a las afueras de Granada. Esta familia está integrada por Jairo, su perro Musín, su madre y su padre.
Jairo es un niño de seis años amante de su perro. Musín es su mejor amigo. Con él ve la tele, juega en el patio, corre, ríe, llora, duerme, come... pasan todo el día juntos.
Cuando Jairo va al "cole", Musín se queda solo en casa, porque los padres de Jairo también trabajan por la mañana e incluso aveces por la tarde, y es aquí cuando hace de las suyas, antes de que Jairo y sus padres regresen a casa.
Día tras día Jairo está acostumbrado a las travesuras de Musín, y a las regañinas de sus padres por cubrirle y defenderle.
Un día, Jairo tenía un mal día y se hartó. Estaba de mal humor, y enfadado con Musín porque siempre se portaba mal cuando se quedaba solo, revolvía toda la casa y la dejaba patas arriba. Jairo decidió castigarle un poco para que aprendiese a portarse bien mientras se quedaba solo, y comenzó por dejarle un día atado en el jardín.
Musín, ante esto, se reveló y se escapó.
Cuando Jairo regresó a casa con sus padres como cada día, fue al jardín, y vio que Musín no estaba, que la correa que lo ataba esta forzada.
El pobre Jairo no paraba de llorar, asustado. Sus padres para consolarle, dieron unas horas de margen antes de salir en su busca.
Pasó la tarde, y Musín no aparecía. Jairo, desesperado, sin parar de llorar, decidió salir en su busca. Buscó por las calles cercanas a casa, miró debajo de los coches, en los cubos de basura, entre matorrales, y no aparecía.
Estaba anocheciendo, y decidió darse por vencido.
Regresó muy preocupado y triste a casa, pensando en que no volvería Musín, que ya no podría jugar con él ni hacer nada.
Cuando iba andando ya cerca de casa, vio veir a alguien enfrente con un perro, no sabía quien era, pero solo pensaba en que fuese Musín.
De repente, ve que el perro echa a correr hacia él, ¡era Musín!
Su padre lo había encontrado.
A partir de aquí, Musín comenzó a portarse mejor, y a seguir las órdenes de Jairo y sus padres, que decidieron adriestrarlo un poco.
Todo fue mejor por casa de Jairo, y se acabaron los hoyos en el jardín y la casa patas arriba.
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